Siete años después de que
Tom Cruise declarara su amor por
Katie Holmes saltando en el sofá del programa de
Oprah Winfrey como un mal actor que sobreactúa, el matrimonio ha llegado a su fin.
Holmes le ha pedido esta semana el divorcio, harta aparentemente del espacio que la
cienciología ocupaba en la vida familiar. Algunos medios han apuntado a que la actriz temía que la hija de ambos (
Suri,
de 6 años) fuera educada bajo la férrea disciplina de los colegios de
la cienciología o entrara en la orden religiosa de esta doctrina creada a
mediados del siglo pasado por un escritor de ciencia ficción.
El sonado desencuentro ha puesto nuevamente bajo lupa a la
cienciología, una fe envuelta por el secreto que desde sus orígenes ha conquistado a un buen número de famosos de
Hollywood. Si para sus adeptos es una religión que aspira a crear un mundo mejor sobre una base ética, para sus críticos es una
secta peligrosa
que prescribe obediencia ciega y explota económicamente a sus fieles
recurriendo a la intimidación cuando es necesario. Ni siquiera la
justicia se pone de acuerdo sobre su estatus. En países como
EEUU y
España está reconocida legalmente como
entidad religiosa, mientras que en
Alemania,
Francia,
Canadá o el
Reino Unido no solo hay dudas sobre su beneficio público sino un
acoso judicial notable.
Como todas las creencias, esta tiene también su profeta,
Ron L. Hubbard, el hijo de un oficial de la marina nacido en Nebraska en 1911. Tras un paso fugaz por la universidad,
Hubbard
trabajó una temporada como guionista en Hollywood, pero la mayor parte
de su tiempo lo dedicó a escribir relatos de ciencia ficción para las
revistas baratas y populares de la época, como 'Astounding Science
Fiction'. Hasta que la segunda guerra mundial dio un giro a su vida.
Según
su propio relato, cayó gravemente herido en combate --una verdad
refutada con pruebas años más tarde en un juicio--, pero logró
recuperarse plenamente aplicando las técnicas que formarían más tarde la
base de la
cienciología, asentada en el medio millón
de páginas que escribió hasta su muerte en 1986 y que abordan desde el
origen del universo hasta estrategias empresariales. La piedra
fundacional de su filosofía es
'Dianética', un libro a
medio camino entre la psiquiatría y la autoayuda con el que pretendía
reformular el tratamiento de la salud mental. Publicado en 1950, se
convirtió casi al instante en un éxito de ventas.
'Auditoría' obligada
Su
idea central es que los traumas de la vida se quedan almacenados en la
mente de las personas, nublando su capacidad de raciocinio y
distanciándolos de la realidad. El objetivo de la
dianética
es eliminar esos recuerdos dolorosos hasta que la mente quede
"despejada". Para ello, los cienciólogos se someten a un proceso
bautizado como auditoría. Ayudándose en un aparato semejante a un
polígrafo, un auditor les hace preguntas para identificar las fuentes de
estrés y poder superarlas.
Pero el proceso puede ser interminable porque la
cienciología cree en la
reencarnación.
Su credo dicta que todos somos espíritus inmortales (thetán) atrapados
en un cuerpo y para avanzar por el puente hacia la libertad total hay
que revisitar los recuerdos no solo de esta vida sino también de las
pasadas.
Hubbard creía que la suya era "una ciencia
precisa", pero tanto la Asociación Médica Americana como su equivalente
psiquiátrico se mofaron de ella. Y ahí empezó el desprecio furibundo de
la
cienciología hacia la
psicología y la
psiquiatría, definida por
Cruise como una "pseudociencia", así como los medicamentos que prescribe.
Un
vídeo lo ilustra en la sede de su iglesia en Washington, donde un
cartel ofrece tours gratuitos a la entrada. Exquisitamente producido, el
vídeo cuenta la historia de un jugador de fútbol americano que queda
paralítico de cintura para abajo tras lesionarse durante un partido. Los
traumatólogos dan su caso por perdido y lo dejan en manos de un
psiquiatra que quiere someterlo a una terapia de choque para
experimentar con su cerebro. Hasta que alguien deja una copia de
'Dianética'
en su habitación y, tras leerlo con avidez, el paciente se cura de la
noche a la mañana, como si le hubiera dado un sorbo al agua de Lourdes.
"¿Un
poco milagroso, no?", sugiere el visitante. "Pues sí, pero es que está
demostrado que la dianética hace milagros", responde el guía. Al fondo,
una frase de
Hubbard describe el objetivo de la
cienciología:
"Una civilización sin locura, sin criminales ni guerra, donde los
hombres capaces puedan prosperar y los seres honestos puedan tener
derechos, y donde el hombre sea libre para ascender hasta alturas
mayores".
Estas promesas convencieron a
Jeff Hawkins
cuando tenía 21 años. "Eran los años 60 y muchos de nosotros buscábamos
respuestas espirituales a los problemas de nuestro tiempo. Este sistema
las ofrecía y solo nos pedía a cambio que corriéramos la voz para
introducir nuevos miembros", cuenta al otro lado del teléfono desde
Oregón. Ahí empezó para él un viaje de más de tres décadas hasta lo más
alto de la jerarquía de esta organización que preside
David Miscavige, el padrino de
Cruise en su boda con
Holmes en el 2006.
La
cienciología tiene al menos dos tipos de miembros. Por un lado, los
públicos, aquellos que llevan una vida normal, tienen familia y un
trabajo. Por otro, los empleados, gente como
Hawkins,
que no tiene suficiente dinero para pagar sus servicios o que deciden
entregar su vida a la causa. Y lo del dinero no es una cuestión menor,
porque en la
cienciología casi nada es gratuito. Se paga por las auditorías, los tests de personalidad, los libros de
Hubbard,
los cursos para ascender de grado, los tratamientos purificadores
(saunas) o las dietas vitamínicas. Un curso intensivo de 13 horas, por
ejemplo, cuesta 7.800 dólares (6.335 euros).
No hay excusas
Y una vez dentro, raramente sirven las excusas, según le contó el año pasado al 'Tampa Bay Times'
Hy Levy,
un antiguo ejecutivo financiero de la cienciología en su centro
espiritual de Clearwater (Florida). Si un feligrés se niega a seguir
adquiriendo servicios, dijo
Levy, se plantan en su
puerta y se quedan durante horas presionándole hasta que cede, espían
sus cuentas bancarias para comprobar si tienen fondos o le cobran sin
avisar por productos que no ha solicitado.
Hubbard no
tenía reparos en mezclar teología y dólares. En un documento de 1972 le
dijo a su departamento financiero: "Haced dinero y lograd que otra gente
lo produzca para ingresar más".
La iglesia niega las
alegaciones de coacción y fraude, y asegura que las donaciones son
voluntarias y se usan para financiar los 10.000 templos y sedes que
tiene oficialmente en más de 160 países (en Madrid disponen de un
edificio cerca del Museo del Prado). O para los programas de
rehabilitación de drogadictos (
Narconon) y prisioneros (
Criminon),
o para la ayuda de emergencia desplegada en grandes catástrofes, desde
el huracán Katrina al terremoto de Haití. Pero varios jueces han puesto
su credibilidad en entredicho. Un tribunal francés acusó a su franquicia
local en febrero de "fraude organizado" por embaucar a sus miembros
para adquirir servicios como los tests de personalidad o las curas de
vitaminas.
Hawkins sufrió un lento desengaño tras ascender por todos los escalafones de la
cienciología,
donde llegó a ser uno de los arquitectos de su estrategia de márketing
en la época de mayor expansión, la década de los 80. "Lo dejé en el 2005
porque la organización no es lo que parece. Es bastante abusiva a pesar
de su fachada pública y con los años se convirtió en algo más y más
bizarro", asegura. Este diseñador gráfico era miembro de la
Sea Org,
la orden religiosa de la organización, su élite administrativa, cuyos
miembros firman un contrato de 100.000 años para "mostrar su compromiso"
y servir a la iglesia en esta vida y en las venideras.
Una vez dentro, como les ocurre también al resto de fieles, la
cienciología les empuja a cortar todos los lazos con los amigos o familiares ajenos a esta
doctrina porque los considera una amenaza potencial para sus creencias, según varias fuentes. En la
Organización del Mar, un nombre que alude a aquellos años de finales de los 60 en los que
Hubbard
y sus seguidores surcaron el Mediterráneo durante años predicando su
evangelio y reclutando "carne cruda" (como su fundador llamaba a los
nuevos miembros),
Hawkins trabajó codo con codo con el jefe
Miscavige. Vivió en el complejo conocido como la
Base Dorada,
un antiguo resort para estrellas de Hollywood que hace de cuartel
general de la jerarquía a unos 150 kilómetros de Los Ángeles, en pleno
desierto.
A vista de pájaro, la Base Dorada parece un lugar
idílico con jardines, campos de golf, villas monumentales y unos
estudios de cine. Pero, acercando el zum, tiene otros elementos más
propios de una prisión de máxima seguridad. Desde vallas con sensores y
puntas afiladas a búnkeres camuflados para apostar francotiradores,
según revelaban las imágenes públicadas esta semana por el 'Daily Mail'.
El relato de los "apóstatas"
"
Miscavige
amenazaba a los empleados, los humillaba y les hacía trabajar como
animales. Siete días a la semana, durmiendo cuatro o cinco horas al día,
sin vacaciones ni días libres y con castigo cuando protestaban o
desafiaban las órdenes", afirma
Hawkins. Su relato coincide con el de otros "apóstatas" , como los llama despectivamente la
cienciología, que han descrito las condiciones de vida en el seno del campo base de la
Sea Org
como "cercanas a la esclavitud" y regidas por "una disciplina cuasi
militar" . El salario de sus miembros-empleados no llega a los 30 euros
semanales.
Tanto
Hawkins como
Marty Rathburn, otro disidente que llegó a ser un alto cargo de la organización, han acusado al jefe de la
cienciología
de maltratar físicamente a sus ejecutivos, golpeándoles en público, y
han descrito lo difícil que resulta abandonar la organización. "De allí
solo se puede escapar saltando literalmente la valla o, como hice yo,
sometiéndote a un estricto chequeo de seguridad durante tres meses" ,
dice
Hawkins, que ha contado su experiencia en el libro '
Deceitful Dreams' (Sueños engañosos).
El temor de Katie
En la
Sea Org también hay algunos niños, generalmente los hijos de los miembros de la jerarquía. Y es aquí donde supuestamente
Katie Holmes temía que
Tom Cruise enrolara a su hija,
Suri. Algo que ha negado esta semana categóricamente la
cienciología, al asegurar que la edad mínima para entrar en esta curia elitista son los 16 años. "Seguramente
Suri
hubiera tenido una experiencia bastante distinta a la de los niños
normales de la cienciología, porque la verdad es que es bastante
desagradable" , asegura el experto noruego
Andreas Heldal Lund, autor de Operation Clambake, un blog crítico dedicado a recoger historias de excienciólogos, examinar el pensamiento de
Hubbard o publicar documentos secretos.
"A estos niños se les separa de sus familias y se les trata como si fueran adultos, porque
Hubbard
creía que los niños son almas eternas atrapadas en cuerpos infantiles
y, por tanto, hay que tratarlas como adultos". La actriz de 'Dawson
Creek' ya pudo hacerse una idea de los métodos educativos de la
cienciología
tras matricular el año pasado a su hija en el New Village Leadership,
un colegio californiano ligado a la organización donde se imparte la
tecnología de estudio de
Hubbard. Además del énfasis en la escultura, este método hace un uso casi obsesivo de los diccionarios. "
Hubbard
creía que la falta de comprensión se debe a un mal entendimiento de las
palabras. Así que la solución pasa por revisar el significado de las
palabras, analizarlo y digerirlo hasta que se acepta una idea. En mi
opinión no es más que una forma de autohipnosis y adoctrinamiento" ,
dice
Andreas Lund.
Desde sus orígenes, la
cienciología ha cultivado con especial dedicación la industria de
Hollywood.
Un documento interno de 1955 exhortaba a sus cuadros a ganarse a los
famosos: "Es obvio lo que le pasaría a la cienciología si estos
comunicadores de primer orden que se benefician de ella la mencionan
públicamente". Con el paso de los años, la organización abrió
Centros de Famosos,
algo así como clubs con acceso reservado, en ciudades como Los Ángeles,
París, Viena, Florencia, Londres y Nashville. "Los tratan con un
cuidado extremo porque los consideran los mejores relaciones públicas
posibles" , dice
Lund. "Para atraerlos a la fe, se
introducen en sus círculos, los ayudan con contactos en la industria,
los defienden públicamente y están a su lado si tienen problemas".
De modo que el divorcio de
Cruise y el aluvión de informaciones que está generando son un golpe duro para la
cienciología, una vez más en el centro de sus desavenencias matrimoniales. El biógrafo de
Lady Di,
Andrew Morton, ya escribió en la biografía no autorizada del actor que
Nicole Kidman, su segunda mujer, se divorció "porque no quería que sus hijos [
Isabella y Connor] crecieran dentro del ambiente de la
cienciología".
Intolerancia a la crítica
Los
dos hijos adoptados de ambos se quedaron a vivir con el padre después
de que el acuerdo sobre la custodia nunca se hiciera público y
Kidman ha reconocido que solo los ve "de vez en cuando". Esta vez,
Holmes
pretende luchar judicialmente para quedarse con la suya. De momento, se
ha trasladado a Nueva York --donde los jueces suelen otorgar la
custodia a la madre-- y ha inscrito a
Suri en un colegio católico, la fe a la que pertenecía antes de sumarse a la
cienciología después de casarse con
Cruise.
Pero le espera una batalla complicada en la que contará con la ayuda de su padre,
Martin Holmes,
un prestigioso abogado, y, pase lo que pase, es prácticamente seguro
que firmará un contrato de confidencialidad sobre su exmarido y la
cienciología.
La organización no tolera nada bien que sus antiguos miembros hablen
mal de ella. Las demandas son habituales, así como las campañas de
difamación e intimidación, según varias fuentes. "A mí trataron de
desacreditarme diciendo que era un apóstata resentido y sin ninguna
credibilidad", explica
Hawkins. Hay expertos que ni siquiera se atreven a hablar de la
cienciología. "Lo siento pero no hablo de ellos. No es seguro", respondió a este diario un académico californiano especializado en sectas.
El número exacto de fieles de la
cienciología
continúa siendo un misterio. En el 2009, la iglesia decía tener más de
cuatro millones de feligreses en EEUU, pero algunos estudios han
rebajado esa cifra a poco más de 50.000. De ser así, la iglesia de
Hubbard está luchando por su supervivencia. El acoso crece, aunque no es nada nuevo. Ya en 1984 un juez del
Tribunal Superior de Justicia
británico emitió un duro veredicto contra la organización. "La
cienciología no solo es inmoral sino socialmente repugnante. En mi
opinión es corrupta, siniestra y peligrosa", sentenció
Justice Latey.